En sus pasos se sentía la alarma de la desgracia, se advertía el paso fatídico del destino tomado por las curtidas manos de la insensatez y aquellas luces que acompañaban sus pasos por el estrecho pasillo, luces que vibraban con enfermizo des-compás, eran el telón que como preludio se abrían para dar inicio al espectáculo de la muerte ante sus ojos de cándido infante, esos ojos que ignoraban las huellas del odio que se dispersa por la sangre cuando la razón pierde su rumbo...
la desgracia del silencio y la ira consumada en la soledad, preludio de un desastre.
Jennifer Vélez D.