Frió de calles negras y vacías que con superficial hostilidad cobija todo miedo y paranoico recuerdo de difusos rostros imaginarios, solo la sobriedad e inmensidad de la cálida noche roja, sabrá como acoger el alma de la inalterable y perpetúa oscuridad.
Con lento caminar se ve como presencias obtusas y espectrales se alejan llevando consigo la agonía del día que se fue; Irreales, como aquellos sueños que con dificultad se recuerdan, se escuchan ruidos oxidados acompañados con el silbido de un inquietante viento que intenta limpiar aquel aire viciado, que inevitablemente deja el afán del tiempo.
Soledad en espacios colmados por fantasmales presencias de no-seres, rincones que prometen guardar secretos de excesos y placeres que serían rechazados por la mirada inmaculada del día, sombras que dicen "no mires demasiado, no camines tan despacio", voces carentes de calor solicitan con vehemencia "A casa vuelve pronto, esa tenue luz que se va, contigo aún no se debe marchar"...
Jennifer Vélez D.

